En cada minuto de angustiosa soledad
no estaba solo
En cada risa no brotada
De mi ceño triste presentía
la cristalina carcajada
y cada nueva pregunta sin respuesta,
Cada duda de mi alma atormentada
tenía una razón
Con tu llegada no hay ya duda
ni angustia o soledad
o nada sin respuesta,
porque esa eres tú
¡Hijo mío!